Arrebatadora Maureen Choi

  • Maureen Choi Quarter
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© Álvaro López del Cerro

La violinista y su cuarteto presentaron anoche en la escena de Centro Centro los contenidos del disco «Theia»

Las entradas para el concierto se agotaron días atrás

El progreso y la renovación que en los últimos tiempos ha experimentado la escena jazzística madrileña -ya no tan lejos de la de otras capitales europeas- tienen en este festival, este año dedicado a Pedro Iturralde, una valiosa fuente precipitadora.

Sirva este preámbulo para saludar la presencia de la violinista estadounidense de origen coreano Maureen Choi, en la escena de la Caja de Música de Centro Centro. Lo que se saluda es joven jazz hecho entre nosotros, aunque de una clara homologación internacional.

Jazz de referencias múltiples

Maureen Choi es una violinista cuya senda post-grappelliana parece haber sido tomada en el banderín de enganche de Regina Carter. Potencia, ritmo y una emoción no tan abierta hacia el infinito, como Stephan Grappelli, como a la comunicación y a la fiesta, el toque Carter. En los saltos de la libertad que afianza la expresión podría ser Didier Lockwood, en cambio, quien viniese a nuestra memoria. En todo momento, una intérprete con un buen punto de definición individual, una jazzista desde el lado de la vida.

Daniel García, el pianista total

Con Maureen viene Daniel García, un pianista sorprendente que, en cada concierto, revela sucesivos despegues. Así puede empezar un solo siguiendo a Chick Corea -o a Chano Domínguez cuando sigue los mordientes de Chick Corea-, para ir subiendo hacia estallidos no previsibles en quien también puede ser mesurado. Algo hay de particularmente atractivo en el pianismo de Daniel García, y por eso también tiene su espacio para él y su grupo en este festival.

Y viene, igualmente, Mario Carrillo, un contrabajista que sabe hacer volar sus dedos para no perder el pulso de las piezas de «Theia», el disco que se presentaba anoche, con la colaboración final de Michael Olivera en la batería, un técnico de consistente potencia, pero que sabe acentuar igualmente los acentos y los matices más delicados que requería el temario escuchado.

Uno de los valores del público de este festival, y son unas cuantas ediciones comprobándolo, es su capacidad para convertir un concierto en una fiesta, y así volvió a suceder anoche con Maureen Choi, una violinista de talante estilizado, pero a la vez rebosante de ideas, de hallazgos, de apuntes rítmicos. Todo ello conecta con la platea, ¡y vaya si conecta! Un concierto de certezas y también de sensaciones. Su «Danza Ritual del Fuego», de Falla, es de las que no se olvidan.

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