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Jim Black en CentroCentro: de la maravilla al prodigio

Jim Black en CentroCentro: de la maravilla al prodigio

Convenció al público el ejercicio de libertad sonora del baterista estadounidense, que actuó en compañía del teclista Elias Stemeseder


Se produce con este dúo la evidencia nada presumible de la existencia de un grupo. Jim Black convoca a la introspección -y también al estallido- con sus percusiones, y Elias Stemeseder es el motor melódico de la asociación. O algo parecido al menos. Convocados en la programación de JAZZMADRID, ayer ambos ofrecieron los resultados de sus pesquisas, en su mayor parte piezas que rayaban la atonalidad.

Tim Berne y Dave Douglas son los dos grandes guías de Jim Black, quien hoy se muestra como un músico muy maduro y seguro. En los momentos de mayor actividad rítmica puede expresarse en la más segura dicción de Tony Oxley, mientras que, en los más morosos, es Andrew Cyrille quien constantemente se hace presente.

Arreglos muy cuidados

Su trabajo con Elias Stemeseder observa un exquisito cuidado en los arreglos. El sonido se hace maleable, revolotea a veces y se pasea ligeramente entre nosotros. Trabajando sobre material propio, este dúo ha ido evolucionando hacía una vanguardia que encuentra fuente de inspiración en el conjunto de la historia del jazz.

La retaguardia lírica

Stemeseder esconde un alma lírica detrás del artesonado reflexivo de sus interpretaciones. En la actividad de su teclas se descubre una sabiduría grande con ecos de George Russell. Y Jim Black es lo más parecido a un vendaval de recursos nada comunes, que siempre coloca los acentos rítmicos en lugares inéditos. Como instrumentista es uno de los personajes luminosos y abiertos con los que cuenta el jazz contemporáneo; como creador tiene una inspiración acertada y muy valiente.

Mientras algunas instituciones apadrinan un supuesto catálogo alternativo, esta pareja hace demolición verdadera. Fabrica imágenes sonoras superpuestas y enfrentadas, construye frases movedizas, sin equilibrio pero firmes, y, sin embargo, no abandona jamás la voluntad lírica, el testigo de la emoción. Fue un fantástico ejercicio de libertad sonora en el que ambos músicos nos mostraron los posibles caminos a seguir en adelante; trayectorias muy diáfanas que desvelan todo lo que les queda por recorrer.

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