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La noche etíope

La noche etíope

Rotundo éxito anoche en Fernán Gómez con la arrolladora banda de Mulatu Astatke

El concierto de este prestigioso músico etíope prologó al que, poco después, en el Círculo de Bellas Artes, permitió disfrutar de la música hipnótica del trío conformado por Shai Zelman, Anat Fort y el también etíope Abatte Barihum


Mulatu Astatke es un ejemplo evidente de la inexactitud que se esconde tras los adjetivos que pretenden adornar su música con la ilusión de la novedad. Han transcurrido ya más de cinco décadas desde que este vibrafonista, percusionista y compositor etíope se puso en la fila de quienes querían prolongar las experiencias sonoras del soul y el rhythm & blues, incorporando cualquiera de las formulaciones autóctonas que actúan desde siempre en las culturas musicales del continente africano.

Repertorio bien planificado

Este músico de aspecto venerable se sitúa en la delantera central de su octeto, pero sin hacerse notar, y desde esa posición, tras el vibráfono, organiza el relato con precisión, un repertorio magníficamente planificado. En la primera parte del concierto su banda interpretó títulos como “Tsome Digua”, “Yakermew sew”, “Netsanett” o “Kulun”, y, para la segunda, llegó ese clásico de su repertorio que es “Azmari”, en el que el percusionista Richard Olatunde Baker invocó a Yemayá; una composición construida alrededor de una inteligente inspiración africana que trata de cultivar la emoción con la acumulación de elementos percusivos. Y de remate “Way to nice”, “Yegelle Tizetta” y “Yekatit”, y, en el turno de bises, la aclamada “Mulatu”, que el artista hiciese famosa en 2009 al frente The Heliocentrics.

Shai Zelman, Anat Fort, Abatte Barihun

Poco después llegó a la escena del Círculo de Bellas Artes el trío formado por el baterista Shai Zelman y la pianista Anat Fort, con el añadido del saxofonista etíope Abatte Barihum.

Este terceto escenifica un espectáculo de confrontación cultural en el que el tinte, cargado de identidad, de Barihum se hace omnipresente y, además, se agradece muchísimo. No es una aspiración extraña en la filosofía creadora de Zelman y Fort, porque ambos hace tiempo que se dedican a confrontar sus invenciones con discursos nacidos en otras culturas.

Zelman, baterista habitual en los círculos jazzísticos de Tel Aviv, tiene una idea de la polirritmia muy asentada en las posibilidades de los tambores. Anat Fort, por su parte, es una pianista de virtudes solistas muy apreciables, sin duda aprendidas durante el periodo que pasó junto a Paul Bley en Estados Unidos, país donde reside desde hace años.

Y queda Abatte Barihum, al que mucha gente conoce como el John Coltrane de Etiopía, un saxofonista procedente de la efervescente escena de este país africano, y encargado en este proyecto de adornar las elaboraciones de Fort y Zelman con un ropaje de blues. Una sesión redonda, de la cruz a la raya, con la que JAZZMADRID ha culminado su tercera jornada con un irreprochable éxito de público y crítica.

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