Loading
Música abductora

Música abductora

El grupo del trompetista noruego Nils Petter Molvaer desplegó en Fernán Gómez un tratado de sabiduría jazzística contemporánea. 

La bajista polaca Kinga Glyk, por su parte, ofreció en Conde Duque un concierto de incontestable pegada popular. 


En el jazz, como en tantos otros asuntos, es mejor estar allí donde las cosas suceden. En los cinco años últimos nos hemos acostumbrado a acudir a este festival porque, en el plazo de un mes aproximadamente, se nos permite pisar el terreno más sólido, comprobar cómo nace la música cada noche. Ayer fue el día en que nos visitaron dos propuestas de enjundia. A las 19:00 h. la bajista Kinga Glyk comparecía en Conde Duque. Un poco más tarde lo hacía, en Fernán Gómez, la banda del trompetista noruego Nils Petter Molvaer.

Jazz en tiempo presente

El espectáculo del último parece concebido para los que no se conforman con la historia del jazz y quieren comprobar cómo es su presente. Es el nu jazz, una corriente que busca una coartada jazzística en el menú que a diario deglute la música de club. Y no puede decirse que el nombre de Nils Petter Molvaer, su máximo representante, no nos sea ya familiar -se ha presentado en diferentes ocasiones en diversas escenas del país-, pero sí es verdad que hacía tiempo que no venía a Madrid con su propia banda. La última vez lo hizo en este festival acompañado por los jamaicanos Sly Dunbar y Robbie Shakespeare.

Visto lo visto y oído ayer lo oído, la incógnita queda definitivamente despejada en el horizonte de este trompetista. Ser comparsa, en los años de su arranque profesional, de la banda Masqalero, jamás fue una meta; sí lo es, en cambio, la de lanzarse al ruedo del ambient con ilustraciones jazzísticas, como anoche volvió a demostrar junto a su banda.

La inspiración de Miles Davis y Jon Hassell

Esta música a muchos se les antoja un borrador de futuro, pero la fuerza motriz de la creatividad de Molvaer hunde raíces en Miles Davis y, sobre todo, en Jon Hassell. Brillante en los tiempos rápidos, inspirado en los quietistas, este trompetista ofrece en su conjunto una sugerente paleta estética. En ella la alternancia de los recursos electrónicos y la dinámica improvisatoria que genera el propio jazz, es responsable de una música alérgica a las clasificaciones. Y, en su materialización final, justo es reconocer que la guitarra galáctica de Johan Lindstrom y la batería de Erland Dahlen, tienen asimismo una gran responsabilidad.

Tomada en su conjunto, fue una agradable velada de música de jazz con aditamentos electrónicos, que la concurrencia colmó de aplausos.

Jazz con nombre de mujer en Conde Duque

Y triunfo por todo lo alto de la bajista polaca Kinga Glyk, largamente aplaudida por el público. Su trío allí convocado funcionó con la precisión de un ingenio suizo, pero con alma. El bajo de esta joven intérprete polaca es voluptuoso y firme, pero, antes que nada, también cerebral.

Elabora jazz contemporáneo conectado con el interés por todas las expresiones populares iniciadas por superhéroes del instrumento como Stanley Clarke, Marcus Miller o Jaco Pastorius. De hecho, viéndola ayer, no era posible dejar de recordar en qué medida los discos de Pastorius, resultaron decisivos para que varias generaciones de aficionados se abrieran a la “revelación” jazzística en los años 70.

Gracias a estos registros, en su mayor parte de Weather Report, se conocieron en más de una ocasión las excelencias de esta música mucho antes de que fuese posible escucharla en concierto.

Delirio tímbrico sin precedentes

A diferencia de Pastorius, Miller o Clarke, Kinga Glyk ha encontrado el modo de neutralizar la barrera que separa a la instrumentista de la compositora. Ambas facetas lucen así simultáneas, haciendo avanzadas hasta melodías pop tan tiernas como la de aquella canción de Eric Clapton, “Tears in heaven”. Debajo de la sonoridad espectacular de su bajo, Kinga dispone de ideas sutiles, formulaciones ingeniosas y veloces que van depositándose sobre la imaginación, desarticulan cualquier idea preconcebida y se alborotan en un delirio funk con raros precedentes.

Y en el trío con el que nos ha visitado, encontramos a su padre, Irek Glyk, que, además de ponerle las comas y los puntos a Kinga desde la batería, explica los impulsos rítmicos fundamentales de cada una de las piezas. Los años no trascurren en balde para nadie y él no es una excepción, pero su vitalidad parece la misma que, cuando, hace algo más de dos décadas, apoyaba en algún que otro concierto la sabiduría de Tomasz Stanko o la de Bronislaw Duzy. E idéntico juicio merece el teclista Rafal Stepien.

Un jazz sencillo y fácil de amar

En el temario títulos como la conocida “Teen town”, de Pastorius, “Song for dad” o “Freedom”, se ganaron las ovaciones y simpatía del público. En ellos, Kinga mostró una clase de virtuosismo en el manejo de su instrumento, de los que consiguen que el aliento se contenga. Un jazz brillante y fácil de amar, de los que hacen disfrutar a todos. En conciertos así no parece necesario entrar en mayores detalles; es mejor celebrar el haber estado ahí y dejar en el aire un sentimiento de gratitud hacia músicos a los que, en adelante, habrá que seguir el rastro, por si sus alumbramientos siguen haciendo menos insustancial la vida cotidiana.

Top

Login


Create an Account!
Forgot Password?

Create an Account!


Usuario
Want to Login?

Forgot Password?