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La cautivadora voz de Stacey Kent triunfó en Fernán Gómez

La cautivadora voz de Stacey Kent triunfó en Fernán Gómez

En Conde Duque, el trío del violinista Raúl Márquez resucitó durante 90 minutos al gran Stephane Grappelli.

Más madrugadora, y también en Conde Duque, Noa Lur ofreció por la mañana un espectáculo de jazz dedicado a los niños.


La jornada de ayer sábado se dedicó en buena parte a la música creada en la propia tierra con una gran compañía de animación infantil en la mañana, y, en la tarde, el homenaje al gran Stephane Grappelli oficiado por el trío del violinista Raúl Márquez. Y el espacio de Conde Duque, en el que se convocaron ambos conciertos, se llenó de un público que no dejó de alentar la empresa que se fraguaba en escena.

Noa-Lur

Para niños y grandes

La cantante Noa Lur compareció en la mañana con un espectáculo infantil llamado “Jazz for Children”, que, en realidad, bien puede decirse que extiende su atractivo a toda la familia. Cualquier recurso le es útil a esta vocalista para desenvolverse en la escena. Ya sean diálogos teatralizados, canciones de películas de Disney, piezas de swing o complejas filigranas vocales. Todo pasa por su peculiar manera de entender las cosas, y sale convertido en un excelente epistolario de la música de jazz.

Y tanto hizo cantar al público piezas bien conocidas de todos, como títulos menos populares. Siete intérpretes y animadores -dos cantantes y cinco músicos- conforman esta troupe que parece exactamente adecuada para que los más pequeños reciban una primera e intensa experiencia musical relacionada con el jazz. Al espectáculo contribuyeron niños escogidos entre el público y, desde luego, la sabiduría de un grupo con mil batallas libradas, que hizo que la mañana en Conde Duque fuese una fiesta de participación de ciudadanos de toda edad.

RaulMarquez

Amor a Grappelli

En el turno de la tarde, en el mismo escenario, se proponía el encuentro del violinista Raúl Márquez con el guitarrista Javier Sánchez y el contrabajista Gerardo Ramos. Piezas escogidas del vasto catálogo que entregó al Hot Club de Francia el violinista Stephane Grappelli sobrevolaron la escena durante algo más de 90 minutos. Grappelli, el homenajeado, se hubiese sentido orgulloso. Él, a fin de cuentas, es el responsable de muchas de las aficiones al violín en el jazz.

Javier Sánchez se distinguió como un reputado especialista en jazz manouche, ese estilo que hiciera universal Django Reinhardt, y Gerardo Ramos estuvo impecable desde el contrabajo. Las generosas ovaciones del público en cada uno de los temas ofrecidos, fueron el gesto de identidad con lo que, a placer, se sucedía con los músicos en el escenario.

Un trabajo ejemplar y un entusiasmo bien real fueron el mejor mentís a cualquier sensación de “ya oído”. Más bien resultó una invitación constante e hipnótica para seguir escuchando, para que la fiesta continuase. Fue un concierto dedicado a declarar que, musicalmente, Stephane Grappelli existe. Y con fuerza.

Stacey Kent en Fernán Gómez

La jornada se cerró con la actuación de Stacey Kent junto a su grupo. El estilo de esta cantante se alinea con el de algunas de las vocalistas de jazz que mayor lustre y proyección planetaria están dando al mundo del crossover, un estilo que recupera toda clase de composiciones de cualquier tiempo y lugar.

Hubo un tiempo en el que Stacey solía versionar estándares o asumir creaciones propias en inglés. Hace ya algunos años, no obstante, que gracias a un encuentro casual que tuvo con Henri Salvador, decidió registrar un álbum de canciones exclusivamente interpretadas en francés, y, desde entonces, mixtura este repertorio en sus conciertos, y, siguiendo la corriente dominante, incluye también alusiones a la música popular de Brasil. Anoche, comenzando con “The girl from Ipanema, siguiendo con “Dindi” y terminando con “Corcovado” y “Samba Salavah”, hubo sobreexposición de esto último en el temario ofrecido.

Una voz limpia

Stacey es una mujer jovial que pide que se la quiera, que se explica mucho y a la altura de todos, que goza con gestos sencillos y busca siempre el acuerdo y la complicidad inmediata. Lo mejor, sin duda, es su limpia y sentida manera de cantar. Y, junto a ella, unos músicos que saben entender bien la idea, y de entre los que destaca el saxofonista Jim Tomlinson, siempre presto a intervenir. Es el productor de los discos de Stacey, y, a juzgar por los aplausos que sus intervenciones provocaron, es claro que goza de la simpatía también de la audiencia.

Por JAZZMADRID ha pasado una cantante que se diferencia del resto de compañeras de su generación. Su voz tiene la esencia de la sensualidad, los colores de la belleza, la exquisitez del buen gusto y el rigor del conocimiento. La veremos, seguro, pronto.

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