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Sublime celebración camerística. Adam Baldych y Helge Lien en JAZZMADRID

Sublime celebración camerística. Adam Baldych y Helge Lien en JAZZMADRID

El violinista Adam Baldych y el pianista Helge Lien ofrecieron anoche un brillante concierto en Conde Duque.


No se le puede negar al programa de JAZZMADRID un especial tino a la hora de compaginar la originalidad de sus propuestas con la coherencia de su estructura. En primer lugar no estaban nada mal elegidas las composiciones que ayer ofreció en Conde Duque el dúo formado por el violinista Adam Baldych y el pianista Helge Lien. En segundo término, hay que volver a agradecer a los responsables del Instituto Polaco de Cultura que hayan vuelto a facilitar la posibilidad de que unos músicos tan extraordinarios como los mencionados puedan formar parte del cartel.

Jazz de cámara

El reto interpretativo no dejaba, sin embargo, de ofrecer no pocas complicaciones, pensando sobre todo en esa parte de la audiencia que no gusta demasiado de diversificar estilos y lenguajes. Sin embargo, tanto el violinista Baldych como Helge Lien al piano, supieron vencer estos obstáculos, ofreciendo un concierto de música de cámara, sí, pero música de cámara en la que el jazz primaba por encima de cualquier otro detalle.

Ceremonia de la sensibilidad

Fue una celebración de la pasión, del arrebato; con Adam Baldych haciendo de su violín un instrumento complejo y completo. El sonido que extrae el músico polaco pellizca tanto los estilos clásicos de colegas como Joe Venutti o Stephane Grappelli, como también los más contemporáneos de Michal Urbaniak o Zbigniew Seifert. Entraron con “Poesie”, uno de los temas que forma parte del disco que ambos músicos grabaron en 2015 con el título “Bridges”, con el fin de mostrar desde el arranque su condición de almas gemelas.

Un piano inquieto

Helge Lien conduce su piano a territorios aventurados de los que sabe siempre salir bien parado. Se comporta como quien no tiene nada que demostrar y vuela con mucha soltura sobre las teclas del instrumento, haciendo que la mano derecha destelle desarrollando la melodía. Es un solista estimulante, atrevido y feraz que hace piruetas emocionadas con unos dedos cuya viveza y agilidad renacen en cada desafío. Algunos, tal vez, recuerden sus balbuceos de los comienzos, pero, a estas alturas, es innegable que Lien se impone por derecho, porque es genuino incluso cuando nada se lo exige.

El público de Conde Duque, que en buen número acudió a su auditorio, aclamó a los artistas desde el principio y fue in crescendo, como el recital, hasta estallar de gozo cómplice con entregas como “June”, “Brothers” o su particular versión de “Halelujah”, ya en el turno de bises. Fue un concierto exquisito y los aplausos en todo momento equivalentes a la emoción vivida. Bravo para tan extraordinarios artistas

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