Blues hecho a mano

Blues hecho a mano

La pianista Marcia Ball resucitó anoche a sala llena en Fernán Gómez el blues de Nueva Orleans

La Big Band del conservatorio de Arturo Soria ofreció una espectacular matinal en el mismo recinto municipal


A Sharon Stone le bastó con un volcánico cruce de piernas para cobrar fama y mucho dinero. Marcia Ball, sentada ante su teclado Yamaha se sirve de su pierna batiente para explicar los impulsos de la explosiva música de Nueva Orleans.

Lo había dicho, por lo visto, en la tarde, durante los ensayos: “Me gustaría interpretar una canción de la ciudad de mi corazón”. Marcia podría haber sido una solvente intérprete de stride pianístico. Técnica, nervio e imaginación no le faltan. Sin embargo, prefiere hacer sincero exorcismo con la propia historia musical. Boogie woogie, algo de cajun, blues de los pantanos, country y rock and roll son algunos de los estilos que, bien abrazados, destila el alambique de sus aventuras.

El magma del blues sureño

Marcia es una cantante de buenas hechuras y entregado y sincero ardor. Y su vitalismo pianístico y esmero en conservar las formas del achicharrante magma del blues sureño, son adivinables desde los discos, algunos de ellos distribuidos entre nosotros. Ambos detalles algunos de nosotros ya tuvimos oportunidad de comprobarlos hace años durante el desarrollo del Festival de Jazz de Vitoria, y, más tarde, en 2006, en nuestros Jardines de Sabatini, donde compareció con su quinteto. Ahora ha venido en el mismo formato instrumental y con intenciones similares: hacer revisión de las canciones que ama.

Un grupo con la filosofía musical compartida

Con una facilidad que pasma, Marcia construye frases permanentes, dilatadas y repletas de sustancia en el piano. Es una intérprete de canciones animada y afable que transmite inmediatamente su gozo desde que se acerca al micrófono. Y tiene cómplices maravillosos en los músicos que se ocupan de la guitarra y del saxo; dos solistas que disponen de un brío y un temperamento equivalentes a los de su jefa. La sección de ritmo se completa con un bajista elocuente y discreto, y un baterista disciplinado y expresivo.

Lo de esta gente es blues hecho a mano, un delicioso desparrame adrenalítico con el repertorio vestido de archivo de toda la música de la que Marcia ha sido testigo y protagonista. Esta mujer se hace querer y su forma de tocar el piano eléctrico -lo habíamos avanzado en esta misma página oficial de JAZZMADRID- está cuajada de benéficos guiños «jerryleelouisianos».

La traca final con «I want to do everything» y el estratosférico réquiem «Louisiana 1927», que escribiera Randy Newman, fue satisfecho por el respetable con una sonora salva de aplausos. «Let me play with your poodle», en el turno de bises, puso en pie de baile al patio de butacas al completo en el Fernán Gómez.

Arturo Soria Big Band

Una lección magistral de juventud

En el mismo teatro Fernán Gómez, en la mañana, ofreció la Arturo Soria Big Band otro de sus conciertos en JAZZMADRID. Esta formación, compuesta por alumnos y ex alumnos del Conservatorio de Arturo Soria, continúa prolongando la senda abierta por otras escuelas presentes en este programa, modernizando el género del jazz e imprimiéndole una especial sutileza en las piezas más rítmicas, en las que su director, José Miguel Sambartolomé, gusta de imprimir mayor intensidad.

Con esta banda el jazz adquiere atisbos de una nueva dimensión. Se trata de una tendencia que, si en algunos temas se despega de la interpretación tradicional, en otros le presta unos valores estéticos incontestables. Esta big band tiene por delante un largo y ancho camino a recorrer, y seguro que, en aras de la gran vocación de sus componentes, se hará con un sitial de honor en el ámbito del jazz actual, en su faceta evolutiva donde la competencia es amplia y muy fuerte.

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