Un trompetista con memoria

Un trompetista con memoria

Poderosa actuación de la banda de Christian Scott en Fernán Gómez


Quienes asistieron anoche al concierto que el grupo del trompetista Christian Scott ofreció en el teatro Fernán Gómez van a pasar tiempo contándolo. Poco antes, en el ambiente flotaba el runrún de las grandes noches, esa cierta convicción que permite un ligero nerviosismo minutos antes de que den comienzo algunos espectáculos. No es percepción extrasensorial, es simplemente la experiencia; en algunos momentos se sabe que pasará algo.

Y vaya si sucedió. Christian Scott volvía a Madrid con el predicamento que le han granjeado, hasta el momento, sus excelentes discos como titular, pero aún así este concierto programado en JAZZMADRID se nos antoja como una verdadera primicia. La vez primera que se disfrutó en Madrid del talento de este trompetista fue en el auditorio del C.C. San Juan Bautista, de Ciudad Lineal, dentro de la XIII edición del primer ciclo de jazz que este distrito de Madrid realizó en el año 2008.

Después se le ha podido ver en algunos festivales del norte del país, y, aún, nuevamente, en nuestra ciudad, la última concretamente en 2016, en el marco de este festival. De ahí que las razones de esa inquietud ante esta nueva visita haya que buscarlas, seguramente, en la necesidad de reconfirmar la privilegiada salud jazzística de este intérprete.

Todo un hallazgo

Y es que, desde su irrupción en la primera mitad de la década pasada de la mano del saxofonista Donald Harrison Jr., lo de Christian Scott ha sido todo un hallazgo. En primer lugar, un acierto musicalmente hablando; en segundo, un logro intelectual, porque, pese a su juventud -treinta y seis años de edad-, este músico razona con argumentos de una hondura cultural poco habitual entre los nuevos canteranos del jazz.

Jazz cargado de tensión

Y arranca el concierto y Scott vuelve a dejar con la boca abierta a cuantos le escuchan. Un jazz preciso, cargado de tensión, contundente. Y unas líneas de composición y arreglos que abren el arco de expresividad hasta el instante mágico. De la búsqueda incesante de fórmulas sonoras repletas de fraseos que alimentan la pasión del solista, a pasajes abiertos en los que la banda afianza su expresividad más rotunda, Christian Scott es un prodigio continuo de buen hacer y su grupo una institución modélica para todos. Anoche, mientras se desarrollaba su concierto, el artista volvió a conseguir hablar de algo que importaba a la audiencia.

La formación podía hacer pensar en aquellos quintetos de los primeros discos, «Rewind that» y «Yesterday you said tomorrow», pero ahora se redobla la función de las percusiones con el espectacular Weedie Braiham en las congas, un intérprete portentoso de la escuela de José Chepito Areas y Armando Peraza. La sección rítmica se completa con un contrabajista incombustible, un pianista-tecladista que parece salido de los grupos de Miles Davis de los años 70, y con otro percusionista que, desde la batería, lanza golpes a los tambores sin cesar, dispuesto siempre a presentar batalla.

Rebuscando en Miles, Monk y en el acervo afro-amerindio

Todos tuvieron momentos suficientes para trabajar en cada una de las direcciones apetecidas, y la imparable garra del jazz hizo mella inmediata en el público asistente, presto a aplaudir en cada momento las intervenciones solistas de cada uno de los músicos. Miles Davis fue convocado hacia la segunda mitad del concierto, y Monk exactamente poco antes del final. Y, también, algunas investigaciones folclóricas en el acervo afro-amerindio, que, recientemente, han encontrado forma y fondo en el álbum «Ancestral recall», y, antes, en «The emancipation Procastination», publicado en 2017.

Formulaciones sonoras procedentes del sincretismo panteísta que late en el corazón espiritual de Nueva Orleans -iconos yoruba, choctaw, seminola-, se abrazan con fuerza al jazz y al funk que estructuran las nuevas composiciones del trompetista Scott. Una música sinuosa y sensual que, surgida del alma misteriosa de los nativos de su tierra, impresiona y fascina a partes iguales.

Si el jazz sigue teniendo sentido en el corazón de sus más obstinados seguidores es por hazañas como las cubiertas por Christian Scott y sus jóvenes músicos en este concierto. Un auténtico regalo.

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