La fiesta del funk

La fiesta del funk

Foto © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) – Elvira Megías.


El quinteto del pianista Herbie Hancock inauguró ayer la nueva edición de JAZZMADRID en el Auditorio Nacional de Música

El público asistente se rindió ante la poderosa entrega del músico estadounidense


En la apertura anoche de la nueva edición de JAZZMADRID, que se prolongará hasta el próximo 30 de noviembre, visitó la sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música la formación que dirige el mítico pianista Herbie Hancock. Este músico, salido de una de las mejores escuelas de jazz de todos los tiempos, el quinteto de Miles Davis, continúa manteniendo una forma envidiable.

El jazz para Hancock es vértigo, un salto prolongado sin red, y, por supuesto, una confrontación, más o menos amistosa, con otros compañeros de oficio. Algunas de las mejores pruebas de este vahído maravilloso se vivieron aanoche junto a su quinteto, en un programa que estuvo armado con piezas de filiación fonográfica bien dispersa, teniendo en cuenta que, oficialmente, los últimos discos publicados por Hancock son «The Imagine project», de 2010, y, antes, «River, The Joni letters», de 2007.

Músicos muy singulares
En la reconstrucción del temario ofrecido colaboró anoche uno de los músicos que comparecieron en los créditos de ambos álbumes: el guitarrista beninés Lionel Loueke. El resto de componentes del grupo repartía protagonismo a partes iguales entre el baterista Justin Tyson, que reemplazó a Vinnie Colaiuta, y el bajista James Genus. E interaccionando con todos, la flautista Elena Pinderhughes, una virtuosa de su instrumento recientemente incorporada a la formación. Y Herbie Hancock hizo sonar los sintetizadores que flanqueaban su piano, y todos supimos que el espectáculo iba a ser absolutamente disfrutable.

Lionel Loueke es un guitarrista que dibuja frases incesantes, largas y llenas de contenido. Él y Elena Pinderhughes fueron los encargados de suministrar la mejor horma en muchos de los tramos del concierto que requerían una notable resolución melódica. Y, complementando su quehacer, las disfrutables fintas rítmicas del bajo de Genus y la batería de Justin Tyson. Dos músicos con pedigrí lanzados a una partida amistosa con reglas irregulares: en algunos momentos circulaban por parejas, en otros individualmente, avanzando delante del resto, y procurando siempre no estorbarse.

Ambos son músicos extraordinariamente animados y sensibles, que hacen gozar desde que colocan el primer acorde sobre sus respectivos instrumentos, de los que provocan esos momentos sublimes que se fijan para siempre a la memoria de los asistentes. Quienes alguna vez han asistido a este fenómeno infrecuente, guardan muy bien esos momentos como un hito de la emoción en sus biografías. Anoche hubo más de un arrebato de estas características.

En brazos del funk
Sugerentes en todo momento, los teclados de Herbie Hancock recorrieron en el concierto varias décadas de música, provocando una catarata de aplausos. Y lo mejor fue que, durante un buen tramo del recital, lo hizo invocando la creación de los Headhunters, aquel grupo de funk que el músico creó y dirigió en los años 70. Más adelante, en la parte final, la visita a la historia propia prosiguió a través de éxitos como «Cantaloupe Island» y «Full Nelson», una composición que Marcus Miller le escribió a Miles Davis en la que fue su etapa final. Hancock la interpretó con un sintetizador portátil y acercándose al proscenio para mirar al público, como si de una estrella del rock se tratase.

Música de mayorías
La de anoche fue música cuyo arco expresivo cubrió cientos de anhelos; el primero, seguro, entretener y divertir. Un espectáculo para mayorías y espléndido prolegómeno, por otra parte, para una fiesta en la que serán muchos los jazzistas que medirán sus capacidades a lo largo del mes de noviembre. En Madrid sucede todos los años.

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