Su majestad el blues

Su majestad el blues

El teatro Fernán Gómez se rindió anoche ante el poderío artístico de Lucky Peterson


Quedó escrito en esta página: Lucky Peterson dispone de una de las trayectorias más originales y duraderas del blues contemporáneo. Un intérprete superlativo mostrándose a nuestros oídos como un insaciable devorador de toda clase de músicas. Cuando en breve comienza la recta final de este festival, el guitarrista-organista que una vez quisieron Wilie Dixon y Bobby Bland para sus bandas, compareció con el sonido y la potencia equivalentes a su entrega, en un concierto que en el que volvió a quedar claro que una presentación de Lucky Peterson no es precisamente un acontecimiento episódico.

Escritura y arreglos pulidos

Vino para mostrarnos las calidades del temario de su reciente álbum, “50 Just wamring up!», pero también interpretó alguna que otra composición de origen discográfico impreciso. Lucky Peterson es un músico de escritura y arreglos pulidos, y ejecución segura y competente. Por fortuna, ésta no se distingue precisamente por la ortodoxia y, así, resulta que, unas veces, puede querer ser Albert King, otras Jimi Hendrix y el resto Jimmy Smith ante el órgano hammond. Al final, le sale él mismo. O sea, un hombre de autoridad incontestable que embellece sus elaboraciones con un tratamiento rítmico de autor.

En buena compañía

El guitarrista Shawn Kellerman es un aliado en toda regla, capaz de seguir a su jefe en la expedición de las mil millas. Y la esposa de Peterson, Tamara Peterson, una cantante con muchos recursos, porque en su garganta tiene las claves del blues y del soul. Sin embargo, la identidad del grupo es la de su líder. Alguien que prosigue en el empeño de ser, junto a Joe Louis Walker y Robert Cray, el bluesman más importante del momento.

Un público que demanda jazz

Blues primoroso y arrollador, de potencia y afinación, pero también aventurero, de ideas. Idéntico a la música hermana de jazz que elabora el dúo conformado por el guitarrista John Scofield y el teclista Jon Cleary, ambos presentes también anoche en la sala Galileo Galilei. Fue, con el añadido de otros conciertos, David Virelles y Naughty Professor, una jornada completa, de las que dan rumbo y sentido a este festival, que, a punto de entrar en el deslizadero de la última semana de su desarrollo, demuestra que en Madrid hay un público muy numeroso para el jazz y el blues. Se pueden seguir esperando, como hasta ahora, nuevas ediciones y un salto adelante en el número de actividades.

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