Mike Stern glorificado en Fernán Gómez

Mike Stern glorificado en Fernán Gómez

Apabullante éxito artístico anoche en JAZZMADRID del guitarrista de Boston


Mike Stern es un ilustre avanzado de la cocina guitarrística con fundamento. Y ese fundamento no es otro que la sensacional onda explosiva del rock y el blues. Stern nació en la blanca Boston, pero ha puesto notas musicales bien negras en JAZZMADRID.

Llegó a la banda de Miles Davis con solo treinta años de edad y con su estilo ya perfectamente definido. Pero su militancia al lado del trompetista al inicio de la década de los 80, fue el doctorado que le convirtió en solista estrella. Antes había sido alumno de Pat Metheny en la Berklee School y amigo de otro guitarrista con tanta inventiva como Bill Frisell. Su encaje profesional tuvo lugar en el territorio del jazz-rock, formando en los fornidos Blood Sweat & Tears, o uniéndose a las bandas de Jaco Pastorius o de los hermanos Michael y Randy Brecker. Un arranque de currículo lógico en un músico que, siendo niño, había desdeñado el piano, para optar por tocar la guitarra como Jimi Hendrix o B.B. King, sus dos héroes musicales.

Itinerarios variados

Ahora sus conciertos muestran todos esos itinerarios, todas esas influencias, cruzándose, como meandros de un río, en las seis cuerdas de su instrumento. En esta operación se hace acompañar por una poderosa sección rítmica de bajo y batería, y por un tecladista superdotado. Las cuerdas del bajo las maneja Jimmy Haslip, una suerte de hermano gemelo de Stanley Clarke, y castigando los parches está el poderoso Dennis Chambers, hombre de confianza también de Maceo Parker o John McLaughlin. Los teclados son de Jeff Lorber, al que muchos conocen ya por sus aventuras junto a Chris Botti o Art Porter.

Una revisión a la historia propia

El temario interpretado fue, casi con exclusividad, una visita al álbum «Eleven», recientemente editado por el dúo Stern-Lorber. La guitarra aulló entre distorsiones de rock avanzado en «Righteous» y «Runner» sobre todo, y sobrevoló paisajes psicodélicos en «Jones Street», una canción que ahora conoce una versión diferente y más energética que aquella que Stern publicó en su álbum «Give and take», de 1997.

Miles Davis también fue recordado en algún tramo del concierto, y, en el final, entretejiéndose con tan tupido magma de alta precisión, el esperado momento en el que su guitarra volvió a vomitar una espectacular llamarada de blues visitando, con ecos de Jimi Hendrix, su composición «Motor City». La fijación que Stern siente por la música de aquel guitarrista de Seattle se manifiesta sobre todo en la forma que tiene de jugar con las infinitas posibilidades de su mástil convertido en palo mayor de una nave galáctica. Además, es la clase de jazzista que añade a su música un gran componente de exhibición visual.

Durante casi un centenar de minutos de concierto, la sala Guirau del teatro Fernán Gómez se convirtió en la capital de la música que va más allá de las convenciones comerciales. Este reto se mantendrá con pulcra precisión a lo largo de toda la programación de JAZZMADRID, a la que -agotando en algunos casos el taquillaje con anticipación- es evidente que el público ya está respondiendo con generoso interés.

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