Moisés P. Sánchez: El piano al cuadrado

Moisés P. Sánchez: El piano al cuadrado

El teatro Fernán Gómez albergó la presentación de «There’s always madness», la última realización discográfica del pianista.

El pianista clausuró con un espectacular concierto la presente edición de JAZZMADRID


Han sido más de treinta días espléndidos, con noches muy prometedoras para el jazz en Madrid. El acierto en la selección de la programación oficial, criterios y definición han incentivado al público para que acudiese a diario al Fernán Gómez y a Centro Centro, donde los conciertos han transcurrido sin espacios muertos ni momentos perdidos.

Nadie ha venido a cumplir y seguir ruta. Se ha tocado con fuerza frente a una afición madura, se ha peleado por aplausos y bises. Los músicos locales han demostrado que es rigurosamente verificable la existencia de un buen jazz autóctono, y se ha recibido con pasión a la vanguardia, acogiendo también nuevamente a viejos amigos como Charles Tolliver, Eliane Elias o Mike Stern. A todos ellos, y a otros también, se les ha despedido en pie, como se hace siempre con los más grandes.

Una ciudad que demanda cultura

Durante algo más de treinta días, gracias a este encuentro, Madrid ha vuelto a parecer una ciudad culturalmente normalizada en lo que al jazz concierne. El público ha vuelto a responder. Y esta buena y generosa afición capitalina, cómo no, volvió a aplaudir con fuerza anoche, en la clausura oficial de JAZZMADRID, al quinteto del pianista Moisés P. Sánchez.

Reaparecía el músico en esta su ciudad, donde se reveló como músico freelance en los clubes, durante los últimos años de la pasada década. Y, en Madrid, pese a que ha recorrido una buena parte del mundo en diversos elencos, es donde ha alcanzado siempre sus éxitos más resonantes, como sus recordadas comparecencias en salas como la ya desaparecida Bogui o el Café Central.

Improvisador fecundo

Desde su irrupción en la escena jazzística, Moisés Sánchez ha quebrado todas las reglas y desterrado todos los prejuicios. Anoche volvió a poner de relieve su mejor cualidad, un temperamento y una capacidad para improvisar que sorprende a través de su velocidad de opciones y el dominio de su instrumento.

Así lo entendió el público de JAZZMADRID anoche, que llenó el aforo del Fernán Gómez para seguir con entusiasmo los nuevos argumentos ofrecidos por el músico, en compañía de su actual quinteto. De parte de este elenco afirmó el músico estar muy orgulloso, porque hace una docena de años que llegaron al mismo escenario como teloneros de Gonzalo Rubalcaba, y en estos momentos lo han vuelto a ocupar -como hace dos años- como titulares. Y sigue resultando aleccionador que esta música pueda ser escuchada por un público del que no se puede pensar que fuera especialista en su obra. Cuando se grita «Bravo» y «Torero» es que se ha conseguido enamorar al público.

Repertorio variado

Interpretó «Light into darkness», «Say something funny» y también «Hidden world» y «fear of solitude», y en varios de estos títulos Cristina Mora puso su voz. Todo lo que hace esta mujer remite a las voces que, en los tiempos de Pedro Aznar, utilizaba el guitarrista Pat Metheny en su banda. Borja Barrueta es el marcapasos polirrítmico y trabajaba agazapado, pero imparable. Y en el contrabajo, exuberante y lúcido, Toño Miguel abrochaba el grupo con un pulso de muchísimos quilates. La sorpresa llegó con Miron Rafajlovic, en guitarras, trompeta y fiscorno. Imposible levantar la ceja crítica con él; hasta los más conspicuos apreciaron que sus intervenciones son de las que se producen en los parámetros del entendimiento en la cumbre.

Y, coordinándolos a todos, Moisés con las manos, como quien dice, hilvanadas, y trabajando entrelazadas en la exposición de cualquier idea. La derecha afinando la melodía; la izquierda colaborando también a ello, y, cuando se le antoja al músico, un mero pálpito rítmico. Estamos ante un técnico habilísimo al que, afortunadamente, se le nota el pulso, incluso cuando trabaja a máxima velocidad. Todos los temas dejan siempre el benéfico poso de su grandeza artística. En el bis, en solitario, concluyó con una acertada versión de «Last train home», de Pat Metheny y Lyle Mays.

Y, en el resultado final del ensamblaje, un grupo para inmensas minorías que subyuga y deja convencido al oyente por su solidez. A la primera. De manera directa. Seguimos esperando a que, cualquier día de éstos, a Moisés P. Sánchez le concedan en el Ministerio de Cultura el premio de las Músicas Actuales. Tiene los mimbres, desde luego, para hacer el canasto, como suele decirse.

De nuevo, una edición afortunada

Con Moisés P. Sánchez volvió a cerrarse anoche otra convocatoria feliz de JAZZMADRID. Hasta dos decenas largas de conciertos excepcionales justificarían su programación por completo. Myra Melford, Christian Scott, Joe Lovano, Patricia Barber, Marc Ribot, Herbie Hancock o Wallace Roney son solo algunas de ellas. Todas fueron convocatorias de mucha sustancia y comprometidas con el avance del jazz.

Los recitales vibrantes de la cantante y teclista de Nueva Orleans Marcia Ball y de la pianista y cantante brasileña Eliane Elias han sido otra de las grandes apuestas -muy atinadas ambas- de la muestra. Y muy agradecible fue la fiesta que organizaron sobre la escena los grupos del trompetista Charles Tolliver y el del bluesista Lucky Peterson.

En este capítulo precisamente del blues no es posible dejar de destacar que se han echado en falta algunas ofertas más de este estilo, así que se sigue tomando buena nota de ello para, en próximas ocasiones, aumentar nuevamente, si es posible -y hay artistas disponibles-, la cuota.

La oferta local

En el apartado local, las presentaciones de María Toro, las del baterista Guillermo McGill con su proyecto Flamenco Trane, o la del supertrío Benavent, Di Geraldo & Pardo, alcanzaron en diversos momentos muy buenos niveles de expresividad. Y el homenaje a Ella Fitzgerald, en clave de danza, a cargo de la coreógrafa Lucía Marote, fue muy interesante también por lo novedoso de la iniciativa.

Sin embargo, sobre todo, hay que destacar que en este ciclo han estado incluidos los conciertos más rotundos de la convocatoria; el del nuevo grupo del guitarrista Mike Stern, y el del pianista italiano Giovanni Guidi.   Ambos -muy diferentes (antagónicos incluso)- han sido dos perlas artísticas para anotar en nuestras biografías y el último, especialmente, una sesión privilegiada, que, por la fecundidad de la veta pianística -y jazzística- italiana en general, habría que repetir en ediciones próximas.

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