El brillante trabajo artístico y docente de Omar Sosa

El brillante trabajo artístico y docente de Omar Sosa

Anoche el compositor y pianista cubano actuó en Centro Centro, en compañía de varios estudiantes del Taller de Músics.


Sigue habiendo en el renovado modelo de JAZZMADRID una singularidad y una energía que permiten advertir su continuidad en las programaciones del otoño en Madrid. De entre los conciertos que está ofreciendo su nutrido cartel en estos días, se tuvo anoche, en Centro Centro, una lección de singularidad, que es la demostración de que el jazz en las academias ha terminado creando un manual de estilo. Su epicentro son las maneras de unos músicos que, aunque jóvenes aún, dan lectura y jondura a su personal homenaje a la historia del jazz.

Se presentaba el pianista cubano Omar Sosa con un proyecto pedagógico del Taller de Músics barcelonés, que contó con la participación de seis intérpretes de la Escuela de Educación Superior de Música (ESEM) de ese Taller. Sosa, como bien es sabido, es uno de los artistas más versátiles de la escena del jazz actual. Compositor, productor, pianista, percusionista, arreglista y líder de varios grupos. Y, en el escenario, es, además, una figura carismática que sabe sacar lo mejor de cada uno de sus compañeros de escena.

En la ruta de la inspiración

El grupo cultiva un concepto antológico y renovador de las corrientes principales que, más de cien años después de su nacimiento, dan forma al jazz. Y da mucha alegría comprobar que los más jóvenes también conocen y muestran interés en la inspiración que les llega de músicas que no siguen fórmulas ni clichés mercantiles. Ingredientes de rítmica afrocubana, elementos de balada bop y jirones de furioso funk incluso, conviven saludablemente en la original propuesta que ayer estrenaron en JAZZMADRID.

Discurso contemporáneo con memoria

Desde la sección rítmica, el baterista y el percusionista dibujaban frases incesantes, largas y llenas de contenidos. Eran dos contadores de historias animados y sensibles que gozaban y hacía gozar desde que colocaban su primer golpe sobre los sus instrumentos. Y encontraban socios estupendos, con una filosofía musical compartida, en el bajista y en el guitarrista. Ambos, y por supuesto sus compañeros saxofonistas, alto y tenor, supieron elaborar una malla orquestal personal, autónoma, mostrando que son parte de un capítulo nuevo y muy importante en el jazz que se hace entre nosotros. Es el mismo que intenta un discurso contemporáneo sin borrar nada de la memoria.

El desafío de lo impredecible

El público se identificó inmediatamente con este peculiar suma y sigue de ideas, lo que quiere decir que los sueños de estos estudiantes del Taller de Músics tienen fundamento. Omar Sosa, con ellos, volvió a labrar su propio surco a golpes de inspiración, pero sin renunciar a nada. Ningún recurso expresivo le era ajeno. Incluso, amplió en sintetizadores y piano eléctrico la panoplia instrumental escuchada en otras ocasiones.

Hubo gran altura artística en todo lo ofrecido, con picos de ascenso enorme en el trabajo de Marta Durán, la saxofonista tenor a la que Omar Sosa reforzó desde el piano en una balada muy bien resuelta. Y Marcel Vallés en la guitarra se reveló como un especialista en corregir cualquier trayectoria melódica hacia la vanguardia y en hacer maravillas con los codos de las piezas.

Está estética de lo impredecible merece el más entusiasta de los reconocimientos. El trabajo de Omar Sosa con ellos, está claro que ha sido brillante a lo largo de todos estos meses. Ha conseguido que todos caigan bien a la primera. Tienen la suerte de cara, son una banda capaz. Ahora ya solo habrá que comprobar si, en lo sucesivo, estos aciertos les sirven para ampliar y desarrollar su capacidad creativa. Tras lo oído anoche, las perspectivas son más que halagüeñas.

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