Sigan la pista de esta mujer

Sigan la pista de esta mujer

Rebekka Bakken protagonizó anoche en Fernán Gómez un sobresaliente concierto junto a su banda.

La cantante escandinava dio una lección de música sin fronteras.

En el Instituto Francés, el pianista Maher Beauroy mostró la valía de sus ideas.


Hace ahora algo más de tres lustros que a esta cantante la escena neoyorquina del jazz le hizo un vistoso espacio. Ella lo aprovechó para instalarse en una estética musical acorde con su temperamento y formas. Esa estética no es otra que la sensacional onda expansiva del jazz multicultural, de avanzada, convenientemente sazonado de blues y de pop, sin obviar, en ocasiones, los chispeantes alfilerazos del folclore de su tierra.

Rebekka Bakken es noruega de origen, y es parte de ese elevado porcentaje de intérpretes que ha puesto la nota del jazz vocal en esta edición de JAZZMADRID, cuyo programa, a solo dos días de su conclusión, sigue reservando sorpresas, especialmente en el apartado de nuestro jazz, el que se elabora entre nosotros, pero que, como en el caso del trío Pardo, Benavent y Di Geraldo, presentes esta noche en Fernán Gómez, se consume en el mundo entero.

Repertorio de origen fonográfico variado

Rebekka, de estilo accesible aunque cada vez con más detalles aventureros en sus canciones, escogió para su presentación un programa de filiación fonográfica dispersa, aunque con paradas preferentes en el repertorio del que sigue siendo su último álbum hasta el momento, «Things you leave behind». Rebekka Bakken es una cantante de lances apasionados adentrándose en un rock de aristas y vértices impares, y muy inspirada hilvanando melodías de delicada sensibilidad por donde nadie lo haría.

Y, para hacer diáfana su resolución, viaja con unos músicos que, desde la batería y el bajo -Rune Arnesen y Even Ormestad, respectivamente- articulan una paleta de colores múltiples despejando el camino para que Ola Gustafsson despliegue sus polícromos y sutiles monólogos guitarrísticos. Todo lo que este músico hace se convierte en un magnífico borrador de futuro y lo que Rebekka idea con él -y también con el teclista Eirik Knutsen y con un baterista añadido, que no figuraba en los créditos originales del concierto- tiene un interés especial y verdadero; es avanzado y genuino a la vez.

Toda la música imaginable

Rebekka Bakken quiere ser un cedazo para las formas de todas las músicas imaginables, y el objetivo le lleva a concebir un producto muy atractivo que, pese a su enorme variedad, se acomoda bien al entendimiento de cualquier persona con buen gusto. Colabora en ello la selección del repertorio. Apuntes de cabaret rockero en «Black shades» y salpicaduras muy diversas de pop, pero también canciones de Tom Waits («Little drop of poison») e, incluso -como contábamos-, una tonada escandinava, «Korset vil jeg aldri soke og So Ro», que hizo avanzados los aires tradicionales.

Una de las gratificaciones posibles en este oficio que consiste en escribir y opinar acerca de lo que los demás hacen, es la de tropezar con creadoras como Rebekka Bakken, y seguirle el rastro para que sus alumbramientos hagan menos insustancial la existencia cotidiana. La de anoche fue una convocatoria muy notable, acorde con un programa igualmente repleto de excelencias.

 

Maher Beauroy: un pianista diferente para una nueva época

Y para que vean lo animado que puede llegar a ser un festival de jazz, en el auditorio del magno Instituto Francés, el pianista Maher Beauroy mostró por vez primera en España, las composiciones de su reciente -y primer álbum «Washa!».

No todo el mundo puede presumir, como él, de disponer de un aval como el del saxofonista Jacques Schwarz-Bart, que ha dicho que Maher Beauroy «posee una peculiar mezcla de talentos». Por un lado, es un pianista de abundantes recursos técnicos que conoce bien la historia del jazz, y, por otro, muestra en su música grandes influencias afrocaribeñas, cuyo fraseo él ornamenta con una peculiar rúbrica de concertista clásico.

Atractivas formas híbridas

Desde Martinica, Maher abre, en efecto, las esencias de su tierra de origen a la cultura del jazz, disputándose uno y otro estilos la capitalidad artística de sus creaciones. Música de innúmeras formas híbridas en la que los hallazgos tímbricos y rítmicos abren paso a una búsqueda incesante de formulaciones melódicas que suministran a sus composiciones una intensidad inédita entre nosotros. El clímax conseguido, de alto octanaje melódico, fue equivalente a la sonora ovación que la sala dedicó a Maher en cada una de sus intervenciones.

Este concierto ha sido una confirmación para este pianista, y un auténtico placer poder presenciarlo. Felicidades, una vez más, a los responsables del Instituto Francés, siempre tan audaces e inteligentes.

 

 

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