Canciones para amar

Maria Berasarte Pepe Rivero Trio

© Álvaro López del Cerro

La sugerente entrega del dúo conformado por el pianista Pepe Rivero y la cantante María Berasarte

La aproximación de la cantante donostiarra María Berasarte al jazz ha sido pausada, meditada y sentida. Lógico en una intérprete que busca darlo todo desde la sensibilidad y la inteligencia. El disco «Delirio» va directamente al corazón de una música con múltiples identidades estéticas. Anoche, en el teatro Fernán Gómez, fue presentada una consecuencia de las intenciones de este trabajo, que contó con el fenomenal respaldo del pianista cubano Pepe Rivero. Una gran elección y una apuesta de ambos artistas por renovar el panorama de los catálogos de estándares.

Vuelta de tuerca a los estilos

La voz de María Berasarte hace de estas canciones lorquianas todo lo contrario y, también, paradójicamente, todo lo esperable. Frecuentó a Serrat en el bis como un posicionamiento del alma (“Aquellas pequeñas cosas”). Y a Luar Na lubre lo contempló desde la memoria (“Chove en Santiago”), igual que a Ruibal (“Por tu amor me duele el aire”). María ha encontrado una forma extraordinariamente personal -lo habitual, por otra parte, en ella- de darle otra vuelta de tuerca a los estilos, y en esta labor no es ajena su amistad con el pianista Pepe Rivero, un grande del jazz afrocubano.

Pepe se apodera de las melodías que ama, y todas se transforman en piezas personales y especialmente vivas. Y, como se desarrollan en una encrucijada donde se encuentran los lenguajes del jazz, del folclor y del cancionismo en estricta puridad terminológica, los arreglos se sumergen sin dificultad en el turbión que produce esa confluencia. El resultado es sobresaliente. Son canciones para amar, canciones con esa tristeza tan honda, tan lorquiana.

Bondad y belleza

Este espectáculo y su sustento discográfico, «Delirio», es, sin duda, uno de los grandes discos de la temporada y le deseamos un éxito planetario. Bondad y belleza no siempre encuentran una recompensa tan justa como la que se produce en estas canciones. El público aplaudió el espectáculo y María y Pepe agradecieron tan cálida acogida. No obstante, da la sensación de que, en María Berasarte, existe siempre una sorpresa en estos espectáculos, quizás porque no tiene confianza suficiente en dar la talla como artista de jazz. Debe acabar con esa duda. Atraviesa este mundo con nota muy alta.

De hecho, si el jazz vocal hecho entre nosotros sigue teniendo sentido en el corazón de sus más obstinados seguidores, es por hazañas como las cubiertas por esta pareja en este concierto. Un acierto y un auténtico regalo. María, por su parte, tuvo el suyo, y muy especial, en forma de “Cumpleaños feliz”. Anoche era su aniversario. Enhorabuena. Felicidades.

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