El Caleidoscopio musical de Marcin Masecki

©Álvaro López del Cerro

El pianista polaco ofreció un consumado recital a piano solo en Fernán Gómez

Hace algunos años que el pianista Marcin Masecki es un agente fundamental en los circuitos musicales de Polonia, país que, en cuestiones de jazz, es un vivero todavía por descubrir. Entre las habilidades del intérprete está haberse acercado con mucha fortuna -y extraordinaria originalidad- a los mundos musicales de Bethoven, Bach y Chopin, entre otros.

Basta un piano para emocionar

Otra parte, en cambio, de sus muy variadas apuestas artísticas se desarrolla en el territorio del jazz de entreguerras. Esta experiencia habitualmente la desenvuelve Masecki en compañía de un pequeño grupo de instrumentistas. Anoche, sin embargo, se presentaba en el teatro Fernán Gómez en formato instrumental de piano solo, opción que algunos preferimos, porque, en ella, el instrumento se expresa libre, circulando sin el freno que muchas veces representa una sección rítmica poco adecuada.

La sorpresa la ha procurado la inteligente iniciativa del Instituto Polaco de Cultura, a cuyos responsables hay que volver a agradecer, un año más, que hayan vuelto a alfombrar el camino de facilidades para viabilizar que un músico de la calidad de Masecki forme parte del cartel de JAZZMADRID.

Sobresaliente coherencia

El reto interpretativo, en materia de contenidos, no dejaba, sin embargo, de ofrecer alguna que otra complicación, pensando sobre todo en esa parte de la audiencia que no gusta demasiado de diversificar estilos y lenguajes. Pero un repertorio que no superó el tiempo prudencial, y una coherencia sobresaliente en la elección de los temas y en su presentación en un perfecto castellano, supo vencer este obstáculo, posibilitando un concierto de música de cámara, sí, pero música de cámara en la que el jazz y otras formas alborotadas próximas a un ragtime mutante, sacudieron sus síncopas por encima de cualquier otra consideración.

Ceremonia de la sensibilidad

Fue una celebración de la pasión y el arrebato, con Marcin Masecki moviendo una pierna en el aire y haciendo de su piano un instrumento complejo y completo. La música a la que recurre el artista polaco pellizca, sobre todo, los estilos descritos, pero, como en el caso de Uri Caine o Fats Waller -artistas con cuyo ideario está claro que Masecki se identifica plenamente- no se priva de abrirse al mundo del humor.

Un solista estimulante

Marcin Masecki es un solista estimulante y atrevido, que hace piruetas emocionadas con unos dedos cuya viveza y agilidad renacen en cada desafío. Algunos, tal vez, recuerden sus balbuceos de los comienzos, en 2005, cuando ganó una medalla de oro en el Concurso Internacional de Jazz de Moscú, pero, a estas alturas, es innegable que el músico se impone por derecho, porque es genuino incluso cuando nada se lo exige.

Un estreno espléndido, de los que vuelven a hacer muy complicado esquivar el tópico: «de Madrid al cielo».

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