La música abductora de Suso Saiz

© Álvaro López del Cerro

El Ambient Trio del guitarrista desplegó en Fernán Gómez un tratado de sabiduría musical contemporánea

En el jazz, como en tantos otros asuntos, es mejor estar allí donde las cosas suceden. En los siete años últimos nos hemos acostumbrado a acudir a este festival porque, en el plazo de un mes aproximadamente, se nos permite pisar el terreno más sólido, comprobar cómo nace la música cada noche. Ayer fue el día en que nos visitó el inclasificable Suso Saiz al frente de su Ambient Trío. Música enrarecida, de una belleza incontestable y con decidida vocación de novedad.

Jazz en tiempo presente

La música de Suso parece concebida para los que no se conforman con la historia del jazz y quieren comprobar cómo es su presente. Alguien podría llamar a esto, erróneamente, nu jazz, esa corriente que busca una coartada jazzística en el menú que a diario deglute la música de club. Sin embargo, Suso, que da nuevos significados a la cobertura semántica del término guitarrista, prefiere hablar de ambient. Mucho más acertado.

Lleva muchos años en este empeño. No es una hazaña de última hora, por lo que nadie podrá decir que el nombre de este intérprete no nos sea ya familiar -es mucho el tiempo transcurrido desde que creó la Orquesta de las Nubes-, pero sí es cierto que, debido a una ausencia de exposición mediática, sus logros no fueron captados suficientemente cuando, en fechas recientes, el músico ofició como comisario en varios proyectos de este Ayuntamiento.

Visto lo visto, y oído anoche lo oído, la incógnita queda definitivamente despejada en el horizonte de este guitarrista. El reto radica en acercar el ambient al jazz, aunque también podría ser al revés. Y, junto a sus socios en la rítmica, Toño de Miguel en el contrabajo, y Borja Barrueta en la batería, elaborar con todo ello un borrador de futuro sobre el que reescribir la historia.

La inspiración de Miles Davis

Esta música a muchos se les antoja solo un espejismo electrónico, pero la fuerza motriz de la creatividad de Suso Saiz hunde raíces en la sugerente creación de guitarristas como Eivind Aarset o Robert Fripp, aunque a algunos nos gusta pensar que también, y sobre todo, en la etapa eléctrica de Miles Davis; como si buscase equivalencias con las atmósferas de aquel disco, «In a silent way».

Brillante en las fases de búsqueda de inspiración, resuelto en su desarrollo, el guitarrista ofrece en su conjunto una sugerente paleta estética. En ella la alternancia de los recursos electrónicos y la dinámica improvisatoria que genera el propio jazz, es responsable de una música alérgica a las clasificaciones. Y, en su materialización final, justo es volver a reconocer la gran responsabilidad que tienen Toño de Miguel y Borja Barrueta desde sus respectivos instrumentos.

En conciertos así no parece necesario entrar en mayores detalles. Es mucho mejor celebrar haber estado ahí y dejar en el aire un sentimiento de gratitud hacia unos músicos que, en adelante, con su trabajo, seguirán haciendo menos insustancial la vida cotidiana.

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