Singularidades de dos músicos singulares

  • Iñaki Salvador
  • Chris Kase

© Álvaro López del Cerro

El dúo del pianista Iñaki Salvador y el trompetista Chris Kase sedujo anoche al público en su concierto en Fernán Gómez

Acabado el concierto, y manteniendo las distancias de seguridad oportunas, las felicitaciones a Iñaki Salvador y Chris Kase se multiplicaron en el Fernán Gómez. Fue una noche de enorme entrega, de mucho dispendio. Y ya se sabe que no es fácil concluir cuando se le ha cogido el punto al discurso y uno se siente inspirado.

Iñaki Salvador salió a escena como lo que es, una tormenta con fuerte aparato eléctrico. Pianista esencialmente de fuerza lírica, Iñaki sabe también ser delicado y contenido para no entorpecer sus propias emociones y sacarle chispas infinitas a las teclas que reciben a su mano derecha. Y también es un acompañante de lujo. Tuvo momentos sublimes en solitario, en absoluta carne viva, sin importarle dejarse el alma en ellos. Y acompañaba Chris Kase, siempre tan elegante en la trompeta, tan en su punto poético.

Prescindir de las obviedades

Kenny Wheeler, quizás Miles Davis también, marcaron un estilo en este instrumentista del que es muy difícil despegarse. Y ni falta que hace. Kase, hijo de esa sabiduría -de hecho, de Kenny Wheeler sonó «For H»-, es imaginativo siempre. Su capacidad para el dibujo inaudito y para prescindir de las obviedades tiene pocos equivalentes entre nosotros. Es un solista constante, se impone por derecho y porque es genuino hasta cuando nada se lo exige. La suya es una manera de soplar su instrumento y sentir con ello, que, desde Chet Baker y el mencionado Miles, ya no puede ser obviada.

Jazz con denominación de origen

La velada de anoche en Fernán Gómez ha sido un pildorazo más en esta edición con la que JAZZMADRID ha decidido poner el acento en el jazz hecho entre nosotros. Muy buena música la de anoche, casi toda, con la excepción de «For H» y la monkiana «Duke Ellington’s sound of love», compuesta por piezas propias: «True or waltz?», «Como tú quieras», «Espatadantza». Jazz aristocrático, para amantes de experiencias intimistas. De ese, en fin, que nos hace pensar en lo bien que se hacen algunas cosas entre nosotros; tanto que algunas de ellas son dignas de matricularse en clases de filosofía pura.

Recent posts