Todos recordamos tanto a Toni Belenguer

Caminero Quintet

© Álvaro López del Cerro

Pablo Martín Caminero presentó en Fernán Gómez el temario de su disco «Bost»

La escena no tiene secretos para el alavés Pablo Martín Caminero. Su contrabajo viene de la música clásica, de la regia tradición de Viena, pero se ha integrado a la perfección en el jazz. Y también en el flamenco. Sus conciertos y discos con el guitarrista Gerardo Núñez o con la cantaora Carmen Linares revelaron, hace tiempo, a un intérprete de enorme talento. Y, en cuanto a formaciones de estricta dinámica jazzística, urge decir que Pablo ha pasado por los grupos de Chano Domínguez, Jorge Pardo y Abe Rábade, entre otros muchos.

La última vez que nos visitó en JAZZMADRID presentó un disco de estándares ibéricos. Anoche arrancó con un proyecto que tiene título numérico, «Bost». El término significa «cinco» en euskera, y Pablo materializó el temario de este disco con un quinteto fantástico que no parecía tenerle miedo a nada.

Toni Beleguer en la memoria

En él, aunque Carlos Martín hizo un fantástico papel en el trombón, todo el mundo sabía anoche que faltaba en la escena Toni Belenguer. La memoria de este ilustre desaparecido recientemente, fue evocada en el tramo final del concierto. Fue ciertamente emocionante, pero es mejor ahorrarles el trance de explicarles en clave literaria lo que sucedió, porque siempre hay quien analiza estas notas urgentes que se elaboran con mimo y rigor cada noche, y llega a la conclusión de que son muchos sus responsables, cuando lo único que es mucho es el talento de cada uno de los músicos que han ido pasando hasta el momento por este festival.

Aventura en libertad

La primera parte del concierto del Caminero Quintet en Fernán Gómez fue un encendido homenaje a la aventura de entenderse en libertad. El titular tiene una clara impronta romántica en el fraseo pleno de temperamento flamenco de su contrabajo; tiene clase, sabiduría. Se apresta en el pizzicato y deja que la música llegue, presa de los movimientos espasmódicos que sugiere, hasta el límite. Un acalambramiento rabioso también es posible cuando Moisés Sánchez toca los cielos abordando espacios en solitario con su piano. Todo cuanto hace Moisés está tocado por la gracia del protagonismo natural; no hay exhibicionismo en él, solo talento. Y del resto de músicos se puede -y debe- decir lo mismo. Todos rozan la perfección cuando abordan la interpretación de títulos como «Blues para Gerardo Núñez», pieza que, obviamente, está dedicada al guitarrista del mismo nombre, o «Tema para Instagram», «Bost» o «Manoli».

Sabia dirección musical

La música de «Bost», el álbum, suena maravillosamente bien con los sabios arreglos que ha concebido este contrabajista, que se ocupa de que todos sus músicos vengan con los deberes hechos de casa, para así poder dedicarse con mayor entrega a improvisar. Y el recital siguió con títulos como «FKOTR», «El tema raro del disco», «Variaciones Instagram» y, finalmente, «La propina», todos con un Pablo Martín Caminero atómico. Composiciones con mucha fibra flamenca, adornadas con el admirable oficio de Ariel Brínguez en el saxo, y Carlos Martín en el trombón. Y también la habilidosa combinación de redobles cruzados que logra Michael Olivera desde la batería.

Dueño de un compás arrebatador y un duende a primera sangre, nada debe impedir que Pablo Martín Caminero siga siendo considerado, como sucede a fecha de hoy, uno de los grandes pilares del jazz que se hace entre nosotros. Por derecho. Por justicia.

 

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