Un concierto en la cumbre

© Madrid Destino Foto: Álvaro López del Cerro

© Álvaro López del Cerro

El trío del pianista Daniel García cautivó ayer al público del Fernán Gómez

Poco antes, el dúo formado por Antonio Serrano y Constanza Lechner presentó su música «sin fronteras» en Centro Centro

Con la modestia de quien puede hablar de los maestros como si aún no estuviera entre ellos, Daniel García y su trío materializaron anoche un magnífico concierto en la escena del Teatro Fernán Gómez. Pianista de conceptos académicos por entrada generacional, Daniel ha superlativizado su vocación de clasicismo, fijando su pianismo más allá de las escuelas. A lo largo de su generoso concierto, el músico supo desplegar su condición sustantiva: desde la maestría de sus introducciones, a la intensidad emocional a la que pudo llegar en los tiempos más lentos, sin olvidar, en títulos como «Potro de Rabia y miel» o «Alegrías pa Averío», los más temperamentales también del flamenco.

Con dos colaboradores muy competentes en la rítmica, Daniel García demostró que entiende el concierto como una más de las bellas artes. Así lo hizo patente, espléndido en su formato y en su capacidad de comunicación, con su conocimiento profundo de la dinámica y los recursos expresivos del jazz-flamenco, ese estilo claramente dominante en la historia de nuestra música de veinte años acá. Mostró, por añadidura, poderosas dotes técnicas y rindió homenaje -tal como apuntábamos- a Camarón de la Isla, además de recrear varios títulos incluidos en su disco reciente «Travesuras».

El jazz como música recién creada

En escena, un trío capaz de mostrar el jazz como algo recién creado. Composiciones propias, en la línea de los maestros, con el contrabajista Reinier Elizarde «El Negrón», perfecto en su sonido y muy libre en sus líneas. El baterista Michael Olivera estuvo competente y deslumbrante, como ya es habitual en él. Los tres dieron un concierto de los que provocan aficiones que no se curan con los años.

La apoteosis melódica de Antonio Serrano y Constanza Lechner

En la tarde, el armonicista Antonio Serrano y la pianista Constanza Lechner negaron con su comparecencia en Centro Centro aquellos argumentos que uno de los autores que frecuentaron en el repertorio ofrecido, Astor Piazzolla, utilizaba para explicar las relaciones entre el tango de Buenos Aires y el folclore.

Esta relación, según Piazzolla, es muy complicada porque ambos géneros permanecen separados, prácticamente confrontados. Y Dino Saluzzi, discípulo en la interpretación del bandoneón, aún afirmó una vez que «este detalle informa de la dificultad para armonizar la sociedad. Sin la música no estamos completos. Es una vía de conocimiento, una forma de la libertad de expresión». Quizás, por ello, la pareja Serrano-Lechner armonizó con un equilibrio y un virtuosismo de ensueño un temario que reunía a compositores españoles y argentinos, países de los que, por cierto, ambos intérpretes son oriundos.

Virtuosismo que llegó al corazón cuando la armónica de Antonio recreó el bandoneón en diferentes piezas de Astor Piazzolla, o cuando el piano de Constanza Lechner decidió revisar a autores tan queridos para nosotros como Manuel de Falla, Sarasate o Enrique Granados. Un concierto emocionante. Y el bis del «Vals del minuto», de Chopin, muy agradecible. A Pedro Iturralde, nuestro homenajeado en esta edición de JAZZMADRID, le hubiera gustado.

Recent posts